martes, 4 de noviembre de 2014

Discurso pronunciado en la entrega de medallas a Consejeros Universitarios (2012-2014)

Buenos días:

Sr. Rector, Presidente del Consejo Universitario

Sr. Secretario General

Distinguidos miembros del presídium

Distinguidos invitados

"Antes de empezar, quisiera hacer una confesión personal. He tenido la suerte de hablar en distintas tribunas y hasta el momento creo que no lo he hecho mal, no obstante ante el pleno del Consejo Universitario, frente a ustedes, nunca me salió bien ningún tipo de discurso. Por ello espero el día de hoy poder sacarme la espinita o enterrármela más... la espinita".  


Estimados compañeros y compañeras:

Quisiera agradecer a todas y todos aquí presentes, hoy ex consejeras y ex consejeros universitarios con quienes tuve el placer de convivir alrededor de dos años, pero también a sus comunidades que los eligieron, ya que, sin ellas simplemente no hubiese tenido el gusto de conocerlos. De igual forma extiendo mi gratitud al sr. Rector, José Narro Robles y a todos los miembros de su equipo quienes se mantuvieron al tanto de las necesidades e inquietudes de cada uno de nosotros.

Sólo puedo decir, que me siento afortunado al poder hablar hoy frente a ustedes, con quienes compartí arduas horas de trabajo en el pleno del Consejo Universitario y en las comisiones; con quienes sostuve debates intensos e intercambio de ideas, todo lo cual, me resultó por demás enriquecedor. Como representantes estudiantiles, estoy seguro, aportamos lo necesario e incluso un poco más para que la UNAM se mantenga como un referente a nivel nacional y mundial en su misión básica: la enseñanza, la investigación y la difusión de la cultura.

Pero nuestro periodo también vivió retos y complejidades a los que supimos responder, defendimos a nuestra Universidad de aspiraciones autoritarias e incluso violentas y de un golpeteo político cuyas intensiones nunca fueron claras.

No obstante, el día de hoy las cosas ya no son iguales, de hecho ya no pueden seguir iguales; México nos presenta un panorama difícil, complejo.

La inseguridad y violencia que azotan a franjas importantes de la población y del territorio configuran nuevas responsabilidades, y como universitarios se nos convoca a estar a la altura que nos exige la situación.

A ser solidarios con las causas nobles, y ser sensibles ante las desgracias, que desafortunadamente se presentan actualmente.

Asimismo, es nuestra responsabilidad defender los derechos humanos, defender la existencia de la Universidad pública y laica, defender la impartición de una educación de calidad, y por supuesto defender y consolidar las libertades democráticas que se han alcanzado. Pero siempre, bajo dinámicas que permitan el diálogo y los acuerdos, para cerrar el paso a cualquier aspiración de violencia.

Pienso que, sólo bajo estas condiciones lograremos construir las bases necesarias para que todos puedan aspirar a un mejor futuro, a un mejor México.

Como siempre, el tiempo es un contrincante implacable y no me permite expresar las emociones que se agolpan y demandan salir para expresar la gratitud y orgullo que siento por la Universidad Nacional Autónoma de México. Emociones que se multiplican al saber, que al igual que ustedes consejeras y consejeros, fui parte de su historia y legado, el cual, estoy seguro verán las generaciones venideras.

Por tal motivo los invito, desde el lugar donde nos encontremos, a sentirnos orgullosos de nuestra alma mater y defenderla, porque hoy más que nunca México necesita de su Universidad: vigorosa y trabajando, pero sobre todo porque es aquí, el lugar donde se encuentra la materia prima, la arcilla en la que se depositan las esperanzas de un país: su juventud.