miércoles, 26 de marzo de 2014

"La banda" y "mi gente"


El domingo salía rumbo al centro del DF para escuchar a Nortec con la Filarmónica de la Ciudad de México, aunque al final me sentí un poco timado, ya que, el concierto parecía que los segundos tocaban las canciones de los primeros, aún así fue un buen espectáculo.

Para llegar a mi(s) destino(s) soy un usuario frecuente del transporte público; el domingo pasado no fue la excepción. Durante el trayecto del microbús abordaron alrededor de siete vendedores de diversos productos: discos de música pirata, dulces, plumas, las congeladas "Bon ice" y al menos dos jóvenes (en diferentes turnos) ofreciendo estampitas con imágenes religiosas acompañadas de un intimidante discurso. El clásico "mi gente, vengo a ofrecerte este producto que no tiene precio, tú sé lo pones. Mira, antes me dedicaba a robar, pero hoy me quiero ganar la vida honradamente, échame la mano".

El otro fue más directo: "la banda, te vengó ofreciendo este producto. Mira, te lo ofrezco porque no he podido conseguir un trabajo formal, por tatuajes, perforaciones y algunos antecedentes penales. Pero mira, ayúdame que yo quiero portar bien y no quiero arrebatarte tu patrimonio". Terminados los discursos, con máscara de amenazas, "la banda" o "mi gente" bajan de la unidad agradeciendo al chofer y deseando un buen viaje al pasaje.

 Más allá lo cotidiano de esta experiencia, todos los vendedores que abordaron el microbús, incluidos los jóvenes que ofrecían estampitas de San judas Tadeo, son el reflejo de la situación laboral por la que atraviesa el grueso de la población en nuestro país. Según el INEGI existe una tasa de desempleo del 5.04%, es decir 2 millones 532,443 mexicanos no cuentan con un empleo formal, por lo tanto se tienen que refugiar en alguna ocupación informal, de tal suerte que alrededor de 28 millones 470,404 personas viven a salto de mata, rogando a su santo preferido que los mantengan sanos y que ninguno de sus familiares (esposa, hijos, padres y hermanos) se enferme de gravedad porque obviamente carece de cualquier prestación social.

México cuenta con 50 millones de ciudadanos con edad de trabajar. Mano de obra que por supuesto se desperdicia a granel y son los jóvenes quienes pagamos las consecuencias de un modelo que ha fracasado rotundamente.

Hace apenas algunos días se aprobó el “seguro de desempleo”, en un primer momento puede parecer una medida apropiada y necesaria, pero si entramos a los detalles, podremos observar que el trabajador (formal) tendrá que elegir entre su crédito para la vivienda o hacer un guardadito en caso de que lo despidan.

Tanto el Estado como los generadores de empleos, es decir la iniciativa privada, se lavaron las manos. Nuevamente la mano de obra somos quienes nos llevamos la peor parte y digo somos porque nos guste o no, también vivimos la explotación cotidiana, por mucho que se cuente con estudios superiores y para su mala suerte (incluida la mía) quienes cuentan con una mayor instrucción, son quienes padecemos una mayor desocupación, es decir el 73.5%. En suma si no tienes estudios, estás jodido, pero si se te ocurre estudiar una licenciatura o peor aún, un postgrado, estás aun más chingado.

El problema es sumamente complejo y parece que nadie quiere abordarlo, ni la derecha, izquierda o centro y mucho menos los empresarios. Por lo tanto hay que comenzar a hacer algo, de lo contrario tendremos que preparar algún discurso intimidante o llegador para hacernos de algunos centavos.


@Win_Ramirez



martes, 4 de marzo de 2014

Carta publicada en el diario "La Jornada"


Por este medio deseo manifestar mi total rechazo a la sentencia de cuatro años que se impuso a seis jóvenes que fueron encarcelados y procesados por presuntos delitos realizados en las marchas de 10 de junio y 2 de octubre. Diversas pruebas –como videos, fotografías y testimonios– dan cuenta de que las diligencias e investigaciones realizadas por las autoridades simplemente carecen de credibilidad; para variar, recurrieron a una vieja práctica del sistema de “justicia” mexicano: inventar culpables.
Probablemente difiera de las formas en que los hoy condenados se manifiestan; es más, quizá no coincida con nada en sus ideas, pero me preocupa que se criminalice su derecho a expresarse.
 
Asimismo, resulta sumamente cuestionable la posición del Gobierno del Distrito Federal, que raya en la intolerancia hacia cualquier tipo de disidencia, y se acerca cada vez más a la postura del PRI, poniendo en vilo la posición privilegiada que ha ganado la ciudad de México, gracias a los gobiernos emanados de la izquierda.
Finalmente, estos jóvenes, además de ser ciudadanos pensantes, también pertenecen a un sector que no puede pagar un bufete de abogados de prestigio; por ello el sistema de justicia pretende aplastarlos, mellar su esperanza. Sin embargo, estoy seguro de que, al final, sus espíritus y almas rebeldes saldrán fortalecidos de esta terrible injusticia.
 
Fuente: La Jornada
 
@Win_Ramirez