Por este medio deseo manifestar mi total
rechazo a la sentencia de cuatro años que se impuso a seis jóvenes que fueron
encarcelados y procesados por presuntos delitos realizados en las marchas de 10
de junio y 2 de octubre. Diversas pruebas –como videos, fotografías y
testimonios– dan cuenta de que las diligencias e investigaciones realizadas por
las autoridades simplemente carecen de credibilidad; para variar, recurrieron a
una vieja práctica del sistema de “justicia” mexicano: inventar culpables.
Probablemente difiera de las formas en que
los hoy condenados se manifiestan; es más, quizá no coincida con nada en sus
ideas, pero me preocupa que se criminalice su derecho a expresarse.
Asimismo, resulta sumamente cuestionable la
posición del Gobierno del Distrito Federal, que raya en la intolerancia hacia
cualquier tipo de disidencia, y se acerca cada vez más a la postura del PRI,
poniendo en vilo la posición privilegiada que ha ganado la ciudad de México,
gracias a los gobiernos emanados de la izquierda.
Finalmente, estos jóvenes, además de ser
ciudadanos pensantes, también pertenecen a un sector que no puede pagar un
bufete de abogados de prestigio; por ello el sistema de justicia pretende
aplastarlos, mellar su esperanza. Sin embargo, estoy seguro de que, al final,
sus espíritus y almas rebeldes saldrán fortalecidos de esta terrible
injusticia.
Fuente: La Jornada
@Win_Ramirez
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