miércoles, 26 de febrero de 2014

Dos certeros golpes al panismo


 

En días recientes fuimos testigos de dos acontecimientos que vinieron a apuntalar el gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto. El primero se refiere a las diversas irregularidades encontradas por la Auditoria Superior de la Federación (ASF) en el ejercicio del presupuesto correspondiente al 2012, último año del gobierno de Felipe Calderón. El segundo es quizás el más “espectacular”, la captura de Joaquín Guzmán Loaera alias el “Chapo”, cuya fuga se dio apenas unos meses después de que Vicente Fox comenzara el primer gobierno emanado del Partido Acción Nacional (PAN).

 

Ambos hechos representan dardos envenenados para el PAN dado que le restan credibilidad como partido y gobierno ante la ciudadanía, reduciendo sus posibilidades electorales para los comicios del 2015, lo cual también los obliga a procesar de manera civilizada la renovación de su dirigencia nacional. De igual forma se sacude el (poco) peso político de los ex presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, quienes han buscado por diversos medios regresar a la actividad política, rompiendo con la (priísta) costumbre de guardar silencio y mantener un perfil bajo.

 

No son menores las irregularidades que exhibe la ASF, se demuestran desfalcos en obras públicas, por ejemplo en la construcción de la utopista Durando-Mazatlán, cuyo costo original se triplicó, pasó de 8 mil 889 millones a 23 mil 385 millones. De igual forma el Seguro Popular mostró un subejercicio de 8 mil 229 millones de pesos; misma situación que se dio en el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), la cual no ejerció alrededor de 274.6 millones de pesos destinados al programa Ciudades Mexicanas Patrimonio Mundial y hasta el momento no aparecen 228.6 millones de pesos.

 

Además la ASF reporta diversas deficiencias en la regulación y supervisión, la nula existencia de indicadores que permitan evaluar resultados y un constante incumplimiento de la elaboración de los reportes e informes sobre el dinero gastado, además la falta de control sobre las actividades institucionales.

 

Por otro lado, la captura del “Chapo” viene a cerrar un ciclo iniciado en 2001, cuando este narcotraficante se fugó de unos de los penales de máxima seguridad. Durante trece años, más de una voz señaló que el cártel de Sinaloa contaba con el respaldo de las administraciones de Fox y Calderón, sobre todo de éste último quien emprendió una guerra contra el narcotráfico cuya estrategia se basó en sacar al ejército a las calles e iniciar balaceras en todos lados.

 

La captura de Guzmán Loaera llega como bocanada de aire fresco al gobierno priísta de Enrique Peña Nieto, cuya estrategia de seguridad sigue sin dar resultados consistentes, de ser así, en Michoacán las autodefensas no tendrían razón de ser. Todo esto sucede acompañado de una campaña mediática que cierra la pinza a favor de un partido que tiene todas las intenciones de regresar a su posición hegemónica, de la manera más “democrática”.

 

Mientras tanto los ciudadanos nos deslumbramos con la caída de un alfil del mundo criminal y seguimos sin hacer las preguntas necesarias, por ejemplo: qué autoridades o funcionarios protegían al “Chapo” o ¿acaso somos tan crédulos para pensar que el poder financiero y político de esta organización se creó al margen de la esfera pública? ¿Cuántos empresarios “legítimos” se alquilaron como lavanderías para blanquear el dinero proveniente del cártel de Sinaloa? ¿Con la captura del “Chapo” el clima de violencia se reducirá? Y sobre todo, ahora ¿cuál es el cártel consentido del sexenio de Enrique Peña Nieto?

 

 
Fuente: http://contradicciones.mx/
 
@Win_Ramirez

 

 

 

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