En fechas
recientes se han venido destapando una serie de escándalos cuyos protagonistas
son personajes de la vida pública nacional o local y pertenecen a prácticamente
todos los partidos políticos con los que cuenta el sistema electoral. Vamos de
manera cronológica.
En primer lugar
se encuentra Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, presidente del Partido
Revolucionario Institucional (PRI) en el Distrito Federal, a quien se le acusa
de manejar una red de prostitución financiada con dinero público. Desde abril
de este año, el hoy ex dirigente tricolor enfrenta una serie de acusaciones
respaldadas por reportajes realizados por periodistas de MVS Noticias, que
incluyen grabaciones en las que se comprueba como se enganchaba a las jóvenes que iban en busca de un empleo y se les
comentaba la posibilidad de realizar actividades de tipo sexual para el líder
priísta, eso si, con mucho respeto y discreción.
En segundo lugar
se encuentra la diputada federal por el Partido de la Revolución Democrática
(PRD), Purificación Carpinteyro quien fue grabada en una llamada telefónica con
un empresario de las telecomunicaciones para convencerlo de hacer negocios
juntos. Esto no sería tan preocupante sino fuera porque la legisladora era una
de las principales negociadoras de las leyes secundarias en esta materia,
generando un claro conflicto de intereses, dado que está jugando a ser juez y
parte.
Cabe hacer una
acotación, no se ha mencionado el origen de la grabación que exhibe a
Carpinteyro afirmando que se había sacado la lotería, sobre todo, porque era
una de las voces más críticas a una reforma planteada para favorecer a los
monopolios privados como Televisa. Aun así, su posición es indefendible.
Finalmente hace
unas horas se acaba de revelar que un par de ex diputados locales de la
Asamblea Legislativa del D.F., miembros del Partido Acción Nacional (PAN),
Rafael Miguel Medina Pederzini y Sergio Israel Eguren Cornejo fueron detenidos
en Brasil la noche del domingo, por tocar el trasero a una mujer y golpear a su
esposo.
Estas tres
pinceladas demuestran la vulnerabilidad del ser humano, sus peores momentos se
exhiben de la forma más primitiva, que genera un mayor impacto debido a su
calidad como personajes de la política y vida pública de nuestro país. En
cualquier otra nación con una democracia consolidada, este tipo de acciones
tendrían un castigo penal y político, simplemente estos personajes no se
podrían presentar para contender por un cargo público y aunque lo quisieran,
ningún partido asumiría el costo frente a su electorado, compuesto por
ciudadanos y no clientelas dóciles y hambrientas.
En más de una
tribuna he sostenido la urgente necesidad de inyectarle nuevos bríos a la
práctica política; observo con preocupación que la militancia joven de todos
los partidos políticos (incluido el mío) busca justificar las acciones de sus
dirigentes. Se pretende que asumamos costos y culpas que nosotros no generamos,
pero lo más ensombrecedor del panorama es que la juventud esta dispuesta a
hacerlo a cambio de la lejana promesa de crecer en las filas de su instituto político.
