México vive una situación delicada en materia de
seguridad a todos los niveles, el ejemplo más representativo es en este momento
Michoacán, entidad que uno de sus peores momentos debido a la presencia del
crimen organizado acuerpado en el narcotráfico y que ha diversificado sus negocios, atropellando a la ciudadanía,
quien no encuentra una respuesta del Estado. Ante la situación tan delicada,
han comenzado a surgir grupos de autodefensa que buscan disputar territorio y
poder al crimen, llenando el vacío dejado por las instituciones públicas.
Hobbes afirmó que el hombre teme a una muerte
violenta, por ello se ve en la imperiosa necesidad de otorgar al Estado una
parte de su libertad a condición de certezas hacía su integridad, familia y
propiedad, esa es la esencia del pacto social, según este autor. Por otro lado
Max Weber sostiene que el Estado posee el legitimo monopolio de la violencia,
diferenciándolo de otras organizaciones que pudieran existir dentro de un territorio.
Sin embargo en Michoacán, el pacto social y la
definición de Estado weberiana simplemente se esfumó, debido a una estrategia
sumamente cuestionada que se implementó por el entonces presidente Felipe
Calderón. El grupo criminal denominado La
Familia Michoacana hace su aparición en noviembre de 2006 y presuntamente
es producto de una escisión del cártel del Golfo encabezado por Osiel Cárdenas.
A diferencia de otros cárteles, la Familia
actuó en tres pistas: política, social y económica, en consecuencia
consiguió un arraigo en zonas importantes del la entidad.
Ante la cruenta guerra entre grupos criminales por el
control del mercado de la droga, la maña en
Michoacán se erigió como la alternativa ante males extranjeros como los miembros del cártel de los Zetas, por ello se
dedicaron a cazar a sus contras bajo la
permisividad de los tres niveles de gobierno. Pero al paso del tiempo la
Familia comenzó a vivir sus propias disfuncionalidades a tal grado que hubo una
confrontación interna, derivando en la salida y nacimiento de los Caballeros Templarios grupo que
actualmente se apuntala como hegemónico.
El narcotráfico conlleva poder económico inmediato,
por ello resulta una empresa atractiva, y más para una población como la de
Michoacán que ocupa el sexto lugar en pobreza a nivel nacional (54.7%) y el
14.4%[1]
la vive de manera extrema, pero esta situación implica un abandono del Estado,
incluido el rubro de la justicia. Los miembros de la maña pronto sometieron a la población bajo sus reglas, en otras palabras
iban ganando la guerra y por ello tenían derecho al botín que implica,
incluidas las mujeres de las territorios que iban ganando a fuego y sangre.
Ante el poder adquirido por los Caballeros
Templarios, la respuesta tenía que se más que contundente y por ello los grupos
de autodefensa hicieron su aparición en Michoacán. Al principio el gobierno
federal condenó su existencia e intentó poner a la opinión pública en su
contra, no obstante los michoacanos se fueron sumando a estos grupos, es decir,
perdieron el miedo y tomaron en sus manos la protección de su vida, familia y
propiedad, además de arrebatarle al Estado el uso legítimo de la violencia
física.
Por otro lado, no es raro que un referente social,
como un médico sea uno de los dirigentes más importantes de las autodefensas;
regularmente en los pueblos más recónditos de este país, el maestro, cura o doctor,
fungen como autoridades para una población sumergida en la pobreza y
analfabetismo. José Manuel Mireles Valverde viene encabezando una estructura
que nace de las pasiones más oscuras del ser humano y por lo que vive
Michoacán, creo que no podría ser de otra forma.
Estas autodefensas se pueden considerar como una variante
del paramilitarismo, debido a que reúne sus elementos más representativos: son
grupos locales y se restringen a zonas especificas, por ejemplo Guerrero y
Michoacán; así mismo cuentan con un grado de tolerancia por parte del Estado y el
uso de la violencia es selectivo.[2]
Además su estrategia ha cambiado de un papel meramente defensivo ahora son
cuerpos que atacan y disputan de manera abierta los territorios dominados por
los Templarios desplazando a los cuerpos formales encargados de esta tarea como
lo son la Policía Federal y el ejército, obteniendo victorias que van dotando de autoridad a estos grupos de civiles
armados y que desplazan como poder factico a la mafia michoacana.
Lo sorprendente de la situación es la pasividad del
poder público, que sólo se limita a lanzar declaraciones acaloradas y restringe
sus acciones a las cámaras y micrófonos de algunos medios de comunicación; la
gobernabilidad se pretende rescatar a través de estos grupos de autodefensa, es
decir, el Estado se está montando en
los ciudadanos que decidieron alzarse. El
problema es sumamente complejo y viene dando algunos elementos que agudizaran
el clima de violencia, la existencia de dos estructuras informales con poder de
fuego (autodefensas y los Caballeros Templarios) similares o superiores al
ejército ya nos habla de la dimensión que puede tomar este conflicto.
Cabe mencionar que la variable política no se ha presentando con mucha visibilidad, pero las
autodefensas se vienen apuntalando como un factor de poder real, no sólo de seguridad y justicia, que no extrañe cuando sean sus miembros y dirigentes
quienes impongan a sus propios candidatos o partidos políticos y con la reforma
electoral que se acaba de impulsar, se están generando las condiciones para un
ambiente tenso y carente de certidumbres.
@Ideassiniestras
[1] Coneval, Resultados
de pobreza en México 2012 a nivel nacional y por entidades federativas, [en línea], dirección URL: http://www.coneval.gob.mx/medicion/Paginas/Medici%C3%B3n/Pobreza%202012/Pobreza-2012.aspx,
[Consulta: 10 de enero de 2014]
[2] Kalivas Stathis, Ana
Arjona, Paramilitarismo: una perspectiva
teórica, [en línea], dirección URL: http://stathis.research.yale.edu/docu/Paramilitar.pdf,
[Consulta: 10 de enero de 2014]
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