Hace unos días, seis para ser exactos, ha surgido una
propuesta en España para competir por una posición dentro del Parlamento
Europeo, encabezado por intelectuales, estudiantes, activistas y ciudadanos
fastidiados de la manera en como se realiza política. Este movimiento nace bajo
el manifiesto llamado “Mover ficha: convertir la indignación en cambio político” encabezado
por Pablo Iglesias profesor de ciencia política en la Complutense, quien además
es analista en el periódico Público.es.
El llamado que hace Iglesias y sus simpatizantes es
simple, para que la política actual cambie, la tienen que tomar los principales
afectados: los ciudadanos; durante la segunda quincena de mayo se renovaran los
escaños del Parlamento Europeo, institución cuyo miembros son elegidos a través
del sufragio directo, de tal suerte que ahí se ven representados alrededor de 500 millones de habitantes. Su división
no se determina según su país, más bien se da por grupos políticos cuya ideología
y puntos de vista pueden converger, así se ven todas las izquierdas y derechas
de Europa en una sola arena, junto con sus respectivos matices.
Lo novedoso de la propuesta del académico español, es
su frescura e indignación del discurso y que a su vez promete ejercer la
política sin olvidar ambos elementos, es decir, aspira a ser desafiante y así
recuperar la identidad de lucha de la izquierda que ha optado por las reformas,
pero se ha olvidado que éstas no son eternas y que sus opositores buscan imponerse
como hegemonía y recuperar el terreno
perdido.
Ahora bien, en México existen mentes brillantes que
se identifican con las ideas de izquierda, incluso muchos de ellos han
utilizado el método marxista para estudiar y explicar el ejercicio del poder; empero
son pocos quienes se animan a involucrarse de manera más activa en la vida
política del país, regularmente pretextan que ningún opción partidista los
representa plenamente. En contraste existe otra “intelectualidad” que es
proyectada por los medios masivos de comunicación, en términos de Gramsci
cumplen el tipo tradicional y vulgarizado del intelectual y son los periodistas
quienes pretenden ser literatos, filósofos y artistas, defendiendo las aristas
que le benefician a su jefe directo y descalificando aquellas que afecten sus
intereses, construyendo una opinión pública sumamente sesgada.
Este tipo de intelectuales
no requieren participar de la política, tienen los canales (literalmente)
necesarios para influir en la ciudadanía y presionar al poder legislativo,
ejecutivo y judicial. En contraste la intelectualidad más crítica suele optar
por las aulas universitarias, dejando esta arena a merced de los opinólogos
afines al sistema de explotación.
Al parecer los eruditos que suelen jactarse de izquierda
desdeñan la otra cara que implica la actividad política, es decir, su práctica.
Si el problema fundamental es que no se ven representados en los partidos
políticos actuales, simple busquen formar otro, se quejan de los representantes
populares, aun más simple, que ellos busquen ser los abanderados; pienso que existe
suficiente indignación en nuestro país que puede desencadenar el movimiento de
varias “fichas”.
Ojo no pretendo defender la idea de una oligarquía
compuesta por la intelectualidad de izquierda, también existen liderazgos
dentro de los nuevos (y viejos) movimientos sociales que pueden brindar los
bríos necesarios que requiere la política, pero sobre todo de los partidos y
organizaciones que se asumen progresistas y democráticas. Al igual que en
España, nuestro país han surgido movimientos de indignados representados en el
#YoSoy132, asambleas vecinales que se oponen a los cobros excesivos de la luz,
colectivos que resisten la persecución policiaca, no obstante el sistema
político tiende a cerrarse ante cualquier opción que sea ajena a las
existentes.
Por tal motivo México requiere de mover sus fichas,
es responsabilidad de la izquierda, en todas sus expresiones, abrir los
espacios necesarios para que los ciudadano, incluidos los intelectuales
participen de la actividad política. En correspondencia, aquellos
investigadores, profesores y académicos tienen que perder el miedo a tomar una
posición clara ante la situación nacional, a tocar una puerta, pedir el voto y
repartir un volante; pero este llamado también es para aquellos líderes
sociales que han adquirido alguna relevancia en sus respectivos ámbitos.
Hoy más que nunca se requieren voces críticas que lleven
la voz de los indignados en los parlamentos y espacios de gobierno, se requiere
recuperar el terreno y las conquistas que se han arrebatado, en suma se
requiere de ciudadanos con ganas de hacer política.
@Win_Ramirez
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