Tarde que temprano la juventud como etapa
cronológica y bilógica llega a un término (¡hay wey, casi treinta!), por tal
motivo comienzan a pesar las obligaciones de una existencia marcada por el
consumo y acentuada por las llamadas presiones
sociales. En consecuencia se tiene que cumplir con ciertos requisitos para
comenzar a construirse un ¿futuro?, dicho en palabras de las generaciones
anteriores.
Ante dicha situación se suelen tomar
opciones (empleos) que se acercan a los que más o menos te gusta, agrada o no
te desagrada tanto. En mi caso, la política ha dominado prácticamente todas las
aristas de mi vida, es mi pasión. Existen varias formas de sobrevivir y
subsistir en este medio lleno de incertidumbres de todo tipo, una de ellas, ser
asesor legislativo, etapa (espero) transitoria.
Prácticamente todas las sedes del poder
legislativo tanto local como federal cuentan con un área destinada al personal
de apoyo a los legisladores, los asesores regularmente estamos confinados al
“corralito” o corraletas, a veces parecemos ganado, pero otras más funcionamos
como pastores neófitos tratando de llevar un vaporoso control.
El ambiente varia en función del “orden
del día”, un guion que funciona para realizar las sesiones, siempre y cuando no
surjan temas polarizantes o algún diputado o diputada les de por arrancarse las
vestiduras debido a que su iniciativa o punto de acuerdo sobre los baches de su
colonia no fue tomada en cuenta para discutirse en tribuna. Esto enserio pasa.
Desde el corralito se puede observar
prácticamente toda la actividad que se da al interior del pleno de la Cámara de
Diputados, su diseño nos permite distinguir a los grupos parlamentarios con sus
características endémicas, por el ejemplo la bancada del Partido Revolucionario
Institucional, disciplinada a tal grado que se van cambiando los turnos para
salir del recinto, con el objetivo de no dejar un vacío considerable y no los
vayan a madrugar, como ellos suelen hacerlo. En lo que respecta al Partido
Acción Nacional se le ve un tanto fragmentado, debido a las pugnas internas por
las que está atravesando; los legisladores del Partido de la Revolución
Democrática se notan un tanto desencanchados
y tratan de hacer valer su pertenencia a los diversos subgrupos que existen
al interior del partido.
Finalmente se encuentra la chiquillada,
el Partido Verde Ecologista de México y Nueva Alianza son espacios para los
poderes facticos, por ejemplo las televisoras o telecomunicaciones, más allá de
que estos partidos son verdaderas franquicias familiares. En lo que respecta al
ala “radical”, Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano se desgastan en
denunciar las constantes violaciones al proceso parlamentario o las
negociaciones en lo “obscurito” que se dan sobre todo entre el PRI y PAN, de la
mano con el poder ejecutivo.
Desde el corralito uno puede observar la
actitud de los diputados y diputadas, se sabe cuando una iniciativa viene
“planchada” y se desdeña el debate parlamentario; se sabe cuando los miembros
del partido mayoritario ya traen la “negocia” interna y solo la bajan a los
aliados satélites como el PVEM y PNA; se sabe que se votan dictámenes, puntos
de acuerdo y leyes sin que exista una lectura previa, ese es trabajo de quien
realmente lleva las riendas ahí; se sabe que su presencia es sólo una
transición para espacios mejores. Esto se sabe y muchos deciden subirse a ese
tren.
Puedo decir que durante discusiones
realmente álgidas como las sucedidas durante la reforma laboral, educativa y
energética, por mencionar algunas, los diputados del PRI, PAN, PVEM y PNA
poseían una mirada llena de seguridad, satisfacción y un desdén hacia sus
opositores junto con lo que ellos representan. Pero en general su desprecio se
extiende a prácticamente cualquier ciudadano que se encuentre lejos de su
círculo, ¿pruebas?, más de un desplante y escandalo en el que nuestros
legisladores se han visto envueltos, pocos son los que se salvan y por casi
nada.
Es con este desprecio y desdén con el que
se construyen los acuerdos, su fuero, aunque acotado, los inviste para decidir
sobre el futuro de un país, que en consecuencia se pasan despreciando siempre y
cuando no afecte a sus intereses.
El modelo para que la oligarquía política
se rote en el poder permitió sostener personajes impresentables, quienes ahora
se ven amenazados por los nuevos poderes que entraran al juego, por ejemplo las
empresas petroleras, mineras, telecomunicaciones, etc. dado que ahora los
legisladores podrán reelegirse hasta en tres ocasiones. Se están encubando
muchos huevos de serpiente, se va minando cada día más la preponderancia del
Estado sobre los intereses de los particulares (ricos y poderosos obviamente) y
sí todo esto se puede ver desde el corralito, causa impotencia, como todo lo
inalcanzable suele estar muy cerca…
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